Por: Carolina Cepeda M.
La humanidad estaba decepcionada de los avances tecnológicos, pues por ellos vieron amenazada su integridad. Pero ¿por qué es importante recurrir a estos antecedentes?. Es fundamental saber bajo qué acontecimientos fueron creadas las películas. Sólo de esta manera el espectador podrá entender a cabalidad los códigos insertos en ellas.
Terminator I, la primera de James Cameron. Trailer
1984, último período de la guerra fría. La sociedad estaba cansada de los conflictos bélicos, los problemas políticos y económicos. La década de los ’80 se recuerda más bien como el período en que las personas despertaron del letargo y comenzaron a alzar la voz y protestar en contra de las injusticias. La sociedad nunca más se quedó callada.
Bajo esta premisa aparece la primera película de Terminator. Su historia se basa en la salvación del mundo, pero no del actual, sino que del futuro. Sarah Connor es la protagonista, quien engendrará a un hijo, John: el salvador de la humanidad.
Por ello las máquinas que dominan el mundo en el año 2029 deciden enviar a un Terminator, Ciberdine 101 modelo T-800, un robot inteligente creado para destruir, pretendiendo así eliminar a Sarah.
Pero Sarah no estará sola. La resistencia de la raza humana a las máquinas del futuro envían a Kyle Reese, una persona común y corriente que se enamora de la protagonista, de ellos nacerá John O’Connor.
Los militares del futuro crearán una inteligencia artificial llamada Skynet para tomar decisiones estratégicas. Skynet descubre que la raza humana es una amenaza, por lo que decide destruirla. Es así como decide tomar el control de varias armas nucleares de los principales países del planeta y lanza un ataque termonuclear total, creando una guerra entre los hombres y las máquinas.
La principal característica de Terminator es que si bien es de acero y tiene un sistema computarizado, por fuera tiene tejido humano que incluso es capaz de sangrar y sudar como cualquiera. Esta primera característica del robot es interesante, porque pese a ser un robot, una máquina inmortal capaz de destruir lo que se le cruce, tiene características humanas. Es más, quiere emular a una persona. Pretende ser perfecto.
Arnold Schwarzenegger en Terminator I

En Terminator I el cyborg es un exterminador, en que sus armas más poderosas son la inteligencia, la fuerza y la capacidad de pasar por una persona más.
En el comienzo de la película, Reese le explica a Sarah la situación del futuro. Los humanos eran exterminados tan sólo por ser de esa raza y los que quedaban vivos eran marcados para servir como esclavos. Situación que por supuesto nos recuerda de inmediato lo ocurrido en el Holocausto.
Pero esto tiene una significación más. La gran guerra, cuando las máquinas se apoderan del planeta -o de lo que queda de él-, tiene una característica importante. Es una guerra nuclear la que termina con la mayoría de los humanos. El miedo más latente para la sociedad del ‘80 y en general de toda aquella que vivió el período de la Guerra Fría.
En esta versión, el cyborg T-800 es un ser duro y sin duda invencible, aunque como es de esperar en un final clásico de cine, deja de serlo para que la protagonista pueda tener un final medianamente feliz.
La lucha parece estar clara, el vencedor es obvio. Nada puede hacer un humano frente a un robot antibalas erudito en el uso de las armas. Pero ¿qué hace la diferencia entre la persona y la máquina? El razonamiento, el cual será la clave para desequilibrar la balanza y darle el triunfo momentáneo a Connor.
Revisa la ficha técnica y la crítica de Terminator I, acá.


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